Mente Irreverente

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Las redes sociales, una adicción asociada a la depresión

09 julio de 2018 | Opinión

Creo que para nadie es un secreto que hoy en día la depresión es algo que acompaña a gran parte de la población mundial. No hace falta hacer un estudio científico para notar que cada vez es mas común toparnos con personas cercanas, familiares y amigos, o simplemente conocidos, que padecen este terrible mal. Yo mismo he hablado con personas a quienes esta afección les hace perder interés por la vida. Esto me empezó a despertar algo de curiosidad. "¿Qué lo causa?", me pregunté. Todos hemos sentido tristeza, claro, ¿pero por qué en algunas personas esta parece no querer irse? Movido por mi simple curiosidad, empecé a recordar algo un tanto extraño en varias personas que conozco: muchas de las que parecen tener un romance muy apasionado con la depresión pasan cantidades de tiempo increíblemente elevadas en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram, por ejemplo, o interactuando virtualmente con otras personas a aplicaciones de chat. De hecho, recuerdo uno de los casos en que me tocó hacer de paño de lágrimas de alguien $($porque, claro, no sólo a ustedes les pasa eso de tener que hacer de psicólogo los amigos, amigas o hasta familiares cercanos$)$. Aquella ocasión llegué a notar que los problemas de depresión de esa persona habían iniciado por la misma época en en que había adquirió un teléfono celular moderno con todas las aplicaciones de redes sociales y un servicio de Internet que le permitía estar siempre en contacto con familiares y sus muchas "amistades" virtuales. Curioso, ¿no?

Habiendo analizado esto y sin ser un experto o un estudioso en el tema, me atrevo a suponer que muchos de esos casos de depresion tienen su origen directamente en la interacción constante que tienen esas personas con las redes sociales. Me atrevo también a decir incluso que, salvo en los casos donde hay una predisposición genética o comorbilidad con alguna otra enfermedad, las probabilidades de padecer depresión son directamente proporcionales al tiempo que pasa cada persona en sus redes sociales. De hecho, busqué información sobre el tema, me di cuenta que esto no era algo nuevo y que ya se han publicado diversos artículos sobre el tema en varios medios de comunicación. Dejo aquí dos de estos artículos a manera de ejemplo, para los interesados:

Artículo de la BBC: ¿Qué efectos tienen las 5 mayores redes sociales en la salud mental de los jóvenes?
Artículo de El Espectador: Uso de redes sociales asociadas a depresión

El comportamiendo de estas personas parece incluso hacerse muy cíclico a medida que avanza el tiempo. Veamos: en cualquier momento se conectan a alguna red social, supongamos que sea Facebook, para ver qué hay de nuevo. Revisan sus mensajes y ven las publicaciones recientes. En eso pierden tiempo un rato hasta que se "desconectan" para hacer otras cosas, pero una vez en el mundo real, se aburren por no encontrar algo que les divierta. Es cuando vuelven a Facebook, pues tal vez se estén perdiendo de algo interesante de último minuto. Después de unos minutos se dan cuenta de que no se se están perdiendo de nada, así que vuelven a desconectarse. Pero otra vez se encuentran sin mucho por hacer en el mundo real, así que vuelven a conectarse. Todo esto termina convirtiendose en un círculo vicioso que lentamente les va produciendo ansiedad. Todo se les vuelve una monotonía, un eterno aburrimiento y una extraña adicción.

Además de esto, su vida empieza a girar en torno a ese mundo virtual, pues es por él que se enteran de noticias, rumores y cosas por el estilo. También es por ahí que interactúan con otras personas y conocen lugares a través de fotos y videos. Mientras tanto, su vida diaria, la real, se limita a despertarse por la mañana, ir al trabajo/estudio, volver a la casa, dormir y repetir el proceso al día siguiente. En otras palabras, el mundo virtual se convierte en la única escapatoria a su rutina. Es un mundo entretenido que poco a poco termina convirtiéndose en su mundo real, mientras que el verdadero mundo real se transforma en algo que se evita siempre que sea posible. Hoy en día es común que en un paseo o un concierto, las personas se preocupen más por registrarlo con su teléfono móvil, que por vivirlo. Pero ni siquiera es por tener un registro fotográfico o fílmico del momento, no es por un recuerdo como tal, sino para poder publicarlo en su red social favorita.

No dudo que las redes sociales sean extremadamente útiles hoy en día y que estén llenas de cosas interesantes. Negarlo sería absurdo o hasta ridículo. Yo mismo las uso y me parecen geniales, pero deberíamos ser más cuidadosos con ellas. Jamás deberíamos permitir que ese mundo virtual se nos convierta en nuestro mundo real. Las redes sociales son herramientas que nos pueden ayudar a darle un toque diferente a nuestra realidad, pero no la reemplazan. Después de todo, ni la mejor red social del mundo podría llegar a producirnos la alegría que sí nos nos produce el conocer diferentes lugares, personas y culturas mientras caminamos bajo la hermosa luz del sol o mientras sentimos las caricias que siempre está dispuesta a regalarnos la lluvia con su gota a gota.

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