Mente Irreverente

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Ni la danza es un crimen ni quien danza es criminal

10 julio de 2018 | Opinión

¡El colmo! Sí, con esas palabras debo iniciar este post, que es más una queja. No sé si tú, la persona que está leyendo esto post, lo sabes, pero hace unos días fue detenita Maedeh Hojabri, no me queda claro muy bien cómo se escribe, una joven iraní de 18 años. Su delito: salir baliando en un video de Instagram. ¡El puto colmo! Estamos tan jodidos con esta sociedad envuelta en preceptos religiosos ridículos, que es un crimen hasta bailar o no taparse la cara con un estúpido trapo sólo por nacer en una región geográfica que tampoco elegiste. Y no, no busco ofender las tradiciones religiosas de personas de medio oriente. Y mucho menos la fe que puede haber detrás de ellas. Si es así, ofrezco mis más sinceras disculpas de antemano, pues no es mi intención. Toda creencia religiosa es y debe ser completamente respetable, al menos en mi opinión. Todos son libres de creer en lo que les dé la gana. Lo que sí me supremamente dañino es que muchas personas pretendan ampararse en sus creencias religiosas, o las de otros, para atentar contra la libertad individual de otras. Más aún cuando es todo un gobierno quien lo hace.

Lo que ha ocurrido con esta chica y con muchas otras personas, porque parece ser que no se trata de un caso aislado, es simplemente una pequeña muestra de lo que viene ocurriendo en todo el mundo. Parece ser que el ser humano está disfrutando más el destruír la libertad ajena que forjar una propia. Y si bien es cierto que si hay un grupo de personas en una región del planeta que se creen dueños del lugar en el que nacieron, lo que llaman un "país", y ese grupo de personas tienen reglas que en su mayoría aceptan, lo que vienen a llamar "leyes", es mejor cumplirlas. No importa si tu visión de la ley es algo tan simple pero efectivo como "Soy libre y me comprometo a respetar la libertad ajena", $($que con dos simples palabras, respeto y libertad, plantea lo que toda sociedad debería aplicar para lograr vivir en paz y armonía$)$, es mejor cumplirlas, sin importa qué tan tontas parezcan. Después de todo nadie quiere ser castigado por una ridiculez como andar por la calle sin un trapo en la cabeza, en el brazo o donde sea, así como lo hacían con los judíos en alguna época de la historia, cuando eran obligados a andar con trozos de tela o marcas que identificaran su procedencia étnica y/o religiosa. ¿Pero hasta qué punto es el ser individual quien debe cumplir una ley que vulnera su libertad? Es aceptable que una persona deba cumplir unas reglas impuestas por líderes espirituales o políticos cuando la persona, por sí misma y por cuenta propia ha decidido adherirse esas creencias o grupo social, pero ¡¿por qué debería hacerlo una persona a la que no se le ha dado opción?!, que es precisamente lo que pasa y ha venido pasando con muchas personas a lo largo y ancho del planeta.

Está bien que a cada persona que nazca se le inculquen unas normas de comportamiento social. ¡Por supuesto! Al fin y al cabo todos debemos vivir en el mismo planeta y bajo el mismo cielo, así que las normas de convivencia son necesarias. Pero esas normas no deberían estar basadas en creencias religiosas, políticas o económicas concretas, sino en conceptos, digámoslo así, absolutos y generales del bien y del mal. Ejemplo ilustrativos de ello es que a nadie le gusta sentir dolor, así que no le causemos dolor a otras formas de vida. A nadie le gusta perder su libertad, así que respetemos la libertad ajena. Yo tengo mis ideas, así que debo respetar el hecho de que las otras personas también las tienen, etc.

Es triste que cada día veamos desvanecer nuestra libertad, porque no sólo ocurre en Irán, sino en todas partes. Vivimos en un mundo donde no podemos pensar, sentir o actuar como nos plazca, a pesar de que no le hagamos daño a nadie con ello, sino que siempre debemos pedir la autorización de personas que no conocemos ni nos conocen y a las que no les importamos ni nos importan, para poder hacerlo.

Por mi parte y como fiel amante de la danza que soy, me aferro a lo que se dice en muchas redes sociales por estos días: bailar no es un crimen, porque es cierto, la danza no es un crimen, es un arte. No es criminal quien danza, es criminal aquél que no respeta aunque lo respeten y aquél que atenta contra la libertad en nombre de la mismísima libertad.

#DancingIsNotACrime

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